En muchas ocasiones, las relaciones sexuales se convierten en una fuente de conflicto para las parejas, y nos preguntamos por qué, si en realidad deberían ser una fuente de placer, satisfacción y felicidad. Cuando estas situaciones se vuelven recurrentemente dolorosas, estamos hablando de una disfunción sexual en la que la falta de deseo sexual está implicada.
Anteriormente, solo se investigaba con mayor frecuencia el deseo sexual de las mujeres en comparación con el de los hombres, porque se creía que a ellas les tomaba más tiempo alcanzar un orgasmo, según lo que indicaban las investigaciones de Masters y Johnson, considerados los padres de la sexología científica. Ellos afirmaban que la mitad de nosotros experimentaría al menos un problema relacionado con nuestra salud sexual a lo largo de nuestra vida, y uno de ellos sería la falta de deseo.
El término científico para la falta de deseo sexual es «deseo sexual hipoactivo», que no solo implica la falta de actividad sexual, sino también la ausencia de encuentros sexuales, la falta de deseo o incluso la ausencia de fantasías relacionadas con encuentros eróticos y afectivos debido a circunstancias como la muerte de seres queridos, problemas laborales, personales o económicos. Es como si el sexo hubiera desaparecido de sus vidas, y a esto es a lo que nos referimos como «deseo sexual hipoactivo».

¿Qué lo ocasiona?
Podemos hablar de factores de origen orgánico (físico) así como también psicológico, ya que los seres humanos somos cuerpo y mente.
Enfermedades crónico-degenerativas: Si hablamos de los factores orgánicos, podríamos mencionar enfermedades crónicas como la diabetes, que puede generar disfunción eréctil debido a que afecta la irrigación sanguínea en las arterias y nervios principales que son responsables de la erección, así como la insuficiencia renal.
Enfermedades medicamentosas: Es importante destacar la ingesta de ciertos medicamentos que pueden tener un impacto severo en nuestra sexualidad. Por ejemplo, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), que son antidepresivos recetados por médicos para regular la bioquímica cerebral en casos de episodios depresivos, pero que pueden tener como efecto secundario la disminución de la libido. Por ello, es importante que estos medicamentos sean prescritos por un psiquiatra y que la deshabituación a los mismos se realice de manera gradual y segura.
Hormonales: Las hormonas, como la testosterona, pueden tener un impacto significativo en la libido, especialmente durante procesos de cambios frecuentes en el peso, como el embarazo, la menopausia y la andropausia.
Drogas y alcohol: El consumo de drogas y alcohol puede reducir la sensibilidad sexual y afectar la percepción de estímulos sexuales, lo que en algunos casos puede llevar a una disminución de la libido o incluso una ausencia de reacción a los estímulos. Esto se debe a que el sistema nervioso central puede quedar bloqueado y saturado por el consumo de estas sustancias.
Factores psicológicos: Es importante poner un enfoque especial en los factores psicológicos. Muchas personas que no han pasado por un proceso de deconstrucción hacia la asertividad afectiva pueden creer erróneamente que los conflictos en pareja no tienen un impacto en el deseo sexual. Sin embargo, esto puede generar desinterés y la evitación de la cercanía con la pareja. Es importante reconocer la influencia de los factores psicológicos en la falta de deseo sexual y abordarlos adecuadamente.
Genitalización: Me refiero a que a veces creemos que un encuentro erótico y afectivo con nuestra pareja se basa únicamente en la penetración o la estimulación genital agresiva, lo cual, en lugar de permitirnos una conexión en pareja, puede provocar sensaciones de dolor o aburrimiento, perdiendo así el interés. ¿Qué hacer entonces? ¡Usa tu creatividad! Nuestra sexualidad es exploratoria y lúdica, así que experimenta con tu pareja desde un lugar seguro. Explora el tacto, experimenta con nuevas sensaciones, siéntete y vívete a través de tu pareja.
Comunica con tu pareja lo que te gusta y lo que no te gusta para poder erotizar tu vida, no solo en la noche, en la habitación y durante 5-10 minutos.
Provoca el deseo, asegúrate de que tu pareja te busque, busca espacios de seducción en pareja y contigo mismo. ¡Exacto, contigo mismo! Conoce tus zonas erógenas, lo que te produce más placer y lo que no, para que puedas tener la capacidad de pedirlo y seguir creando esos momentos. ¡Autoexplórate! El deseo es tuyo y el orgasmo es de quien lo trabaja. Trabaja en el tuyo y ve invitando a tu pareja a la creación de un deseo en conjunto, recordando que el egocentrismo, donde solo yo llego y no me importa si ella o él lo lograron, debe quedar fuera.
Habla con tu pareja sobre los temas que aún están pendientes y que están impidiendo que se acerquen. Busquen información sobre asesoría o consulta sexológica. Trabaja con los aspectos de tu autoestima que aún no están resueltos y que te están cargando como lastre, impidiendo que te muestres tal como eres. Esto puede incluir ser serio, explosivo, etc., lo cual afecta la confianza de tu pareja para explorarse a sí misma a tu lado.
Pero, sobre todo, sean claros. No busques fuera lo que no tienes dentro. Eso solo habla de ti, no de tu pareja y de tu incapacidad para trabajar en ti mismo y en conjunto para recuperar la confiabilidad y la conexión en pareja. Y si en algún momento crees que una de las opciones principales para tu relación es abrir la relación de pareja, ¡sí, leíste bien! Abrirla con alguien más únicamente para la obtención de placer con otra persona, eso también se HABLA y se ACUERDA en pareja, para que ambos puedan tener la libertad de disfrutar en otro lugar. Pero recuerda, ambos deben estar informados y acordar en algo consensuado y seguro, libre de enfermedades.
Espero que haya sido de tu agrado. Nos leemos por aquí el próximo mes en nuestra revista InBusinessWoman Magazine. Tu doctora y sexóloga de cabecera.

