Mujeres en la política: cantidad vs calidad

Redacción por: Rocío Sáenz

La cultura política en nuestro país tiene diversos matices. Actualmente, está enmarcada por el papel cada vez más influyente de las mujeres en los procesos electorales.

Durante los períodos electorales, tanto dentro como fuera de los partidos, es común escuchar que no existen «suficientes perfiles» para cumplir con las cuotas de género. Además, aquellos perfiles que existen suelen representar las mismas opciones de contiendas pasadas, generando una sutil desconfianza entre el electorado. Aunque confían en el desempeño femenino, se enfrentan a las mismas cartas formadas en la cultura masculinizada, con valores y resultados iguales.

La legislación en materia de paridad comenzó a dar sus primeros resultados en 2012, reflejando un incremento importante en el número de diputadas federales, de un 28% a un 37%. A nivel local, el Congreso del Estado de Chihuahua superó la representación femenina del 2016 por un curul (17-16).

Hoy en día, en la Cámara de Diputados contamos con una paridad histórica del 50%. Esto convierte el papel de estas mujeres en un factor fundamental para la toma de decisiones políticas que nos afectan a todos.

Sin embargo, diversos análisis explican que el aumento cuantitativo no necesariamente significa un desarrollo cualitativo. Reconocen y argumentan que las acciones para incentivar la participación femenina en la política, realizadas por partidos o grupos de poder, presentan límites que reducen sus resultados.

Es fundamental investigar más allá de la representación descriptiva y conocer las condiciones que enfrentan las mujeres en el proceso de selección de candidaturas y durante el desarrollo del proceso electoral. Además, es esencial comprender los problemas derivados de los prejuicios de líderes, simpatizantes y militantes que las mujeres enfrentan. Esto debería ser una prioridad en el esquema de crecimiento y desarrollo político de Chihuahua.

Estudios demuestran que los partidos siguen siendo contextos institucionales que generan discriminación. Por lo tanto, para disminuir y erradicar esta situación, es imprescindible registrar y comprender en profundidad las historias de las mujeres que participan en política, junto con sus amenazas y oportunidades.

Avanzar en la cultura política de las mujeres implica reconocer que los avances en materia de género también han intensificado la discriminación y la violencia hacia aquellas que intentan incursionar en la política, a menudo de manera encubierta.

Los partidos y actores políticos son los primeros en tener la responsabilidad de reconocer y eliminar las diversas formas de violencia política contra las mujeres, que resultan de la desigualdad entre géneros. Esto se refleja en la discriminación en el acceso y control de recursos, en la distribución de candidaturas y en las posiciones de poder dentro de los partidos.

La falta de interés de los partidos políticos en abordar estos temas podría ser la razón detrás de la escasez de participación femenina. Podría ser un indicador de cómo las mujeres asumen y ejercen el poder en este país.

Es lamentable que, por falta de espacios o canales de acceso a los partidos, la participación política de las mujeres de todas las profesiones, amas de casa, activistas sociales y empresarias no puedan inyectar nuevas capacidades y habilidades al quehacer político para la construcción de una sociedad mejor.

Los tiempos afectan a todas las organizaciones políticas y, aun las más experimentadas, terminan buscando nombres para llenar las cuotas, mientras los espacios masculinos se agotan. Esto es un síntoma de fallidos ejercicios de promoción interna, al no lograr incrementar no solo la cantidad, sino también la calidad de la participación política femenina. ¿Qué falta para lograrlo? Esta es una pregunta que pocos han deseado investigar. Sin embargo, quien encuentre la respuesta y tenga a las mujeres, a las mejores mujeres, de su lado, podrá construir frentes de lucha inigualables.