Mundo de hombres, eso he escuchado desde muy pequeña, cuando en conversaciones se mencionaba cualquier sector o industria, y la política no es la excepción. Estoy segura de que en más de una ocasión hemos escuchado que la política es de hombres, y aunque el pasado indica que eso pudiera ser cierto, actualmente cada vez hay más representación femenina.
México ha implementado diversas leyes y regulaciones para promover la participación política de las mujeres y garantizar la igualdad de género en la esfera política. Destaca la reforma constitucional de 2014, que estableció la paridad de género como principio en la postulación de candidaturas a cargos de elección popular.

Con el triunfo de Delfina Gómez en el Estado de México, serían en total 10 estados gobernados por mujeres, pero después de la renuncia de la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, por sus aspiraciones al 2024, serán 9 estados gobernados por una mujer. No me voy muy lejos, por primera vez en Chihuahua tenemos gobernadora, además de un 48% de representación en el congreso local. Esto es una muestra de los efectos que las acciones afirmativas, las discusiones en distintos espacios respecto de la relevancia de la participación de las mujeres en la política y, en este caso particular, la capacidad para gobernar con otra perspectiva, pero con eficiencia, han tenido en la conformación de una cultura política más participativa y democrática.
A pesar de los avances, persisten desafíos para la participación política plena de las mujeres en México. Algunos obstáculos incluyen estereotipos de género arraigados, violencia política de género, falta de financiamiento y apoyo para candidatas, y brechas en el acceso a espacios de toma de decisiones. El movimiento feminista en México ha cobrado fuerza en los últimos años, promoviendo la igualdad de género y exigiendo mayor representación y participación política de las mujeres. Las movilizaciones y protestas han contribuido a poner el tema de la representación femenina en la agenda pública y presionar por cambios significativos.
Superar las barreras culturales y estructurales, implementar y garantizar la paridad de género, y erradicar la discriminación y violencia política de género son algunos de los retos pasados, presentes y futuros. Estos desafíos requieren un enfoque continuo y colectivo de la sociedad, los partidos políticos y las instituciones para lograr una representación equitativa y fortalecer la democracia.

Es necesario fomentar la participación ciudadana, la formación y el empoderamiento de las mujeres para que ocupen roles de liderazgo en la política. Se pueden implementar programas de capacitación y mentoría dirigidos específicamente a mujeres que deseen ingresar a la política y avanzar en sus carreras políticas. Al igual que la transformación de los estereotipos de género y las normas culturales arraigadas, es esencial para lograr una representación equitativa en la política la educación y la sensibilización en torno a la igualdad de género. Estas deben ser promovidas desde edades tempranas, tanto en el ámbito familiar como en el sistema educativo.
El hecho de ser gobernados por una mujer o que alguna ostente un cargo público es un asunto que conlleva una transformación no solo de la cultura política, sino de la cultura en su conjunto. Se debe ir más allá de la tradicional visión «patriarcal» privativa de lo público, tanto en lo económico, social, cultural y, por supuesto, en lo político.
El panorama político del 2024 para el ejecutivo nacional indica que hay altas probabilidades de que quien gobierne el país por los próximos 6 años sea una mujer. No quiero adelantarme a quiénes serán los candidatos, pero imaginando un escenario en donde Claudia Sheinbaum sea candidata por MORENA y Xóchitl Gálvez, candidata de la oposición, significaría que sí o sí tendríamos una presidenta de México. Es tiempo de las mujeres, ¿no creen?

